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El futuro que imaginó Julio Verne

Una historia de Víctor Martín-Pozuelo para Think Big.

El futuro que imaginó Julio Verne

Julio Verne fue un autor de novelas de aventuras y ciencia ficci√≥n que imagin√≥ elementos inexistentes en su √©poca que se har√≠an realidad m√°s de cien a√Īos despu√©s. En el blog, hemos hablado de algunas de sus obras m√°s conocidas y de sus predicciones m√°s acertadas, como el submarino o el helic√≥ptero. Pero durante m√°s de un siglo, uno de sus textos permaneci√≥ oculto al gran p√ļblico. Uno en el que imaginaba el futuro‚Ķ y no lo hac√≠a nada desencaminado.

 

La biblioteca de Sarajevo, una herida abierta m√°s de veinte a√Īos despu√©s

Un art√≠culo de Jos√© A. Mena para Esdr√ļjula.

Vedran Smailovi? tocando su chelo en la biblioteca en ruinas.
Vedran Smailovic tocando su chelo en la biblioteca en ruinas.

En junio de 1992 mis pensamientos estaban focalizados en tres frentes principales; la perspectiva de comenzar el bachillerato justo despu√©s del verano, los Juegos Ol√≠mpicos de Barcelona y la guerra que se hab√≠a desencadenado en Yugoslavia. El conflicto b√©lico dur√≥ hasta 1995 y fue entonces cuando me dije a m√≠ mismo que alg√ļn d√≠a visitar√≠a la capital bosnia, que hab√≠a sufrido el asedio de la artiller√≠a serbia. Algunos a√Īos despu√©s, he tenido la oportunidad de llegar a Sarajevo en coche, una experiencia que, sin duda, recomiendo a todo el que pueda y le apetezca hacerlo. El destino √ļltimo, un monumento clave en la vida de los habitantes de Sarajevo, su biblioteca, que fue bombardeada la noche del 25 al 26 de agosto de 1992 por el ej√©rcito serbio. Fue la destrucci√≥n de un legado cultural imposible de recuperar, de un s√≠mbolo de la convivencia entre las distintas comunidades de la ciudad.

 

Las ‚Äúfrases centauro‚ÄĚ: la suma incorrecta de dos mitades correctas

Una historia de Isabel Garzo para Yorokobu.

Hay algunas frases que son casi correctas. A veces, en una lectura r√°pida o distra√≠da, no es f√°cil detectar d√≥nde est√° el error, la ¬ęcostura¬Ľ. Esto es porque est√°n formadas por dos partes que pertenecen a frases correctas diferentes. De ah√≠ que muchas personas las justifiquen: ¬ępero si es muy parecida a esta otra que s√≠ es correcta, entonces ser√° correcta tambi√©n¬Ľ. Pero es que, a veces, el hecho de que una palabra cambie hace obligatorio sustituir otras para que la oraci√≥n tenga sentido y concuerde.

 

El Internet que so√Ī√≥ Isaac Asimov

Una historia de Víctor Martín-Pozuelo para Think Big.

El Internet que so√Ī√≥ Isaac Asimov

Isaac Asimov es uno de los autores de ciencia ficción más importantes de la historia de la literatura. Es famoso por la publicación de su saga Fundación, fue miembro de la asociación internacional de superdotados Mensa y un reconocido divulgador científico.

En 1988, concedi√≥ una entrevista en televisi√≥n en la que imaginaba c√≥mo Internet iba a repercutir en nuestras vidas, sobre todo en el √°mbito de la educaci√≥n. Bill Moyers pregunta al escritor una serie de cuestiones que Asimov responde directamente dando una visi√≥n de la red de redes muchos a√Īos antes de que su uso pudiese extenderse hasta los niveles actuales. ¬ŅAcert√≥ en sus predicciones? Vamos a verlo.

 

Los demonios de "El guardi√°n entre el centeno" en un documental sobre J.D. Salinger

Una historia de Lus M. √Ālvarez para ALT1040.

Documental sobre J.D. Salinger
http://aventuraenlaisla.blogspot.com.es/2013/04/franny-y-zooey-de-j-d-salinger.html
 
Antes de que llegara Ignatius J. Reilly, aquel entra√Īable antih√©roe creado por John Kenedy Toole para A confederancy of dunces (La conjura de los necios), ya estaba Holden Caulfield, icono de la rebeld√≠a adolescente en los Estados Unidos. Concebido inicialmente para ser publicada en entregas -su primera aparici√≥n se produc√≠a en el relato Slight Rebellion Off Madison‚ÄĒ, J.D. Salinger acababa convirti√©ndole en el protagonista de The Catcher in the Rye, conocida en espa√Īol como El guardi√°n entre el centeno, siendo ahora obra y autor objeto de esrutinio por Shane Salermo en un documental titulado, sencillamente, Salinger.
 

El origen de los dichos: salvarse por los pelos

Una historia de √Āngeles Garc√≠a para Yorokobu.

Librarse de algo rozando el aro. En el √ļltimo minuto, se entiende. Por la m√≠nima. No hace falta mucha explicaci√≥n de este dicho tan popular y que, sin embargo, pocos repertorios de modismos inclu√≠an.

Vale, el pelo es importante: adorna, protege del sol y del fr√≠o, dice mucho de tu higiene y de tu estilo. Y seg√ļn lleves el peinado tu vida social puede derrumbarse en un segundo o encumbrarte a lo m√°s alto, a la derecha o a la izquierda del dios Llongueras. Pero, ¬Ņpuede salvar literalmente tu vida?

Pues sí. Al menos en la época en la que para ser marinero no se exigía saber nadar. Bastaba con que no te marearas demasiado y te gustara viajar, supongo. Porque la capacidad de flotar y no hundirte no era un requisito necesario para trabajar a bordo.

 

La biblioteca p√ļblica de Estocolmo de Erik Gunnar Asplund, un icono de la capital sueca

Un art√≠culo de Nagore Linares Bivona para Esdr√ļjula.


Vista general del interior de la biblioteca.

Cuando a principios del siglo xx el arquitecto sueco Erik Gunnar Asplund (1885-1940) recibi√≥ el encargo de la nueva biblioteca p√ļblica de Estocolmo (1922-1927), busc√≥ referentes que har√°n cambiar la concepci√≥n de las bibliotecas en Europa. Antes del encargo del proyecto de la biblioteca, Asplund habr√≠a participado en el comit√© especializado para elaborar las bases del concurso (1918), viajando incluso a Estados Unidos para incorporar los requerimientos necesarios para tener una biblioteca actual. La biblioteca fue la primera en Suecia, y en gran parte de Europa, en funcionar con estanter√≠as abiertas, de forma que el usuario pudiese buscar los libros sin ayuda del personal, algo que resulta habitual hoy en d√≠a. Sin embargo, este no es el rasgo m√°s caracter√≠stico de este edificio, ya que su forma arquitect√≥nica llama la atenci√≥n ya desde el exterior.

 

BiblioTech: hacia las bibliotecas sin libros (físicos)

Una historia de Pablo G. Bejerano para Think Big.

BiblioTech: hacia las bibliotecas sin libros (físicos)

¬ŅEs posible una biblioteca sin libros? Uno de los lugares en los que parece que no pasa el tiempo son esas grandes bibliotecas, con estanter√≠as armadas de libros y silencio, mesas de madera y pasillos en donde se almacena una parte de la cultura de la Humanidad. Estos espacios son una de las im√°genes m√°s recurrentes de la literatura de Borges, que en su relato ‚ÄúLa biblioteca de Babel‚ÄĚ cre√≥ un universo que era una sala con todos los libros existentes.

 

Cuando el nombre de un territorio puede levantar ampollas

Una historia de Borja Ventura para Yorokobu.

virginHay una especie de mito muy extendido acerca de los escasos conocimientos de geograf√≠a internacional del estadounidense medio. Eso de que piensan que Espa√Īa est√° en √Āfrica (que¬†tampoco es que est√© muy lejos) o que son incapaces de colocar Ucrania en un mapa (habr√≠a que ver cu√°ntos espa√Īoles pueden hacerlo). La cuesti√≥n es que parte del mito s√≠ es cierto, pero no es exclusivo de ellos. El problema llega cuando ese tipo de errores genera campa√Īas ciudadanas enormes o, incluso, choques diplom√°ticos. Y eso ha ocurrido.

 

El futuro de las humanidades

Artículo publicado en Revista Chilena de Literatura.

Adela Cortina. Universidad de Valencia, Espa√Īa.

En el a√Īo 1959, Charles Percy Snow, f√≠sico y novelista brit√°nico, pronuncia su c√©lebre conferencia sobre "Las dos culturas y la revoluci√≥n cient√≠fica", que produjo un gran revuelo. Snow, en su conferencia, entend√≠a el t√©rmino "cultura" en dos sentidos. El primero de ellos se refer√≠a al desarrollo intelectual, al cultivo del entendimiento, al sentido en que Coleridge hablaba de "cultivation" o de "armonioso desarrollo de aquellas cualidades humanas y facultades que caracterizan a nuestra humanidad" (Snow 1977b, 74).

Ciertamente, no andaba lejos esta acepci√≥n del t√©rmino "cultura" de la que Ortega asignaba a la palabra "humanidad", a esa humanitas de la que dice ser probablemente un invento verbal de Cicer√≥n, que significar√≠a primero aproximadamente lo que en el siglo XIX se dec√≠a con "civilizaci√≥n" y "cultura": un cierto sistema de comportamientos humanos que se consideraban ejemplares y a los que los hombres grecolatinos de la √©poca helen√≠stica cre√≠an "por fin" haber llegado (Ortega 1961, 1). Solo que a partir de este punto, Ortega trata de acompa√Īar al t√©rmino "humanitas" a lo largo de la Edad Media hasta llegar al siglo XX, mientras que Snow da por bueno que la "humanitas" incluye entre sus cualidades tanto las que se desarrollan en el estudio cient√≠fico como las que desarrollan aquellos a los que suele llamarse "intelectuales".

 

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